- Adiós - Mi prima se marchó, dejándome con el pensamiento de que no aquello no había sido muy original. Despedirse diciendo adiós y nada más es soso, lo habitual, y con lo extravagante que suele ser ella me extrañó que me respondiera con un simple adiós, así que decidí ir tras ella. La llamé cuando la tenía delante, a unos metros y ella se volvió, extrañada de oír mi voz. Me preguntó qué quería. Le di un abrazo. Se puso tensa y de pronto empezó a llorar en mi hombro. Sin que yo dijera nada me explicó que estaba destrozada, que llevaba días aguantando el dolor sola, sin decir nada a nadie, fingiendo estar alegre... Me sonó demasiado familiar. Más de lo que me gustaría, desde luego. La cogí por los hombros y furiosa le expliqué que bienvenida a mi mundo, que así llevaba yo meses y que no lo había notado, que gracias por ser una egocéntrica que solo piensa en sí misma. Me dio otro abrazo y me pidió perdón, deshecha en lágrimas, diciendo que había estado tan centrada en parecer alegre que no había tenido tiempo de nada más. Me pidió perdón una vez más, y decidí perdonarla. Al fin y al cabo, ¿quién era yo para decirle que no? De la mano seguimos caminando hasta nuestro piso, donde encontramos a mi madre. Me extrañó verla allí, pero sobretodo me asustó, porque Lucía y yo teníamos los ojos hinchados de tanto llorar. Nos preguntó, pero le quitamos importancia y rápidamente nos inventamos la historia de que habíamos visto en el cine una peli muy triste. Por supuesto no le contamos que habíamos estado con mi novio y el suyo en una cafetería, le habría dado algo seguro. Le pregunté a qué había venido.
"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". La frase le retumbaba en la cabeza y no callaba. La chica resopló, se masajeó las sienes y volvió a resoplar, por si se le pasaba el dolor de cabeza por arte de magia. Haciendo caso a su mala suerte, todo siguió igual, solo que ahora su amiga Elisa la miraba preocupada desde la puerta de la habitación. No hizo falta que preguntara si iba todo bien, ni tampoco hizo falta que le diera una respuesta. Era evidente que no. Eli era consciente de que su amiga no lo estaba pasando bien, pero no sabía qué le ocurría, con lo que no tenía ni idea de cómo ayudarla. Por una vez, Bea fue un poco más allá, le recitó una frase: "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda y le preguntó de dónde había sacado esa frase. La respuesta de su amiga hizo que se sentara para no caerse al suelo: "Un sueño". Años atrás, su madre le había dicho una frase que le r...
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