- Adiós - Mi prima se marchó, dejándome con el pensamiento de que no aquello no había sido muy original. Despedirse diciendo adiós y nada más es soso, lo habitual, y con lo extravagante que suele ser ella me extrañó que me respondiera con un simple adiós, así que decidí ir tras ella. La llamé cuando la tenía delante, a unos metros y ella se volvió, extrañada de oír mi voz. Me preguntó qué quería. Le di un abrazo. Se puso tensa y de pronto empezó a llorar en mi hombro. Sin que yo dijera nada me explicó que estaba destrozada, que llevaba días aguantando el dolor sola, sin decir nada a nadie, fingiendo estar alegre... Me sonó demasiado familiar. Más de lo que me gustaría, desde luego. La cogí por los hombros y furiosa le expliqué que bienvenida a mi mundo, que así llevaba yo meses y que no lo había notado, que gracias por ser una egocéntrica que solo piensa en sí misma. Me dio otro abrazo y me pidió perdón, deshecha en lágrimas, diciendo que había estado tan centrada en parecer alegre que no había tenido tiempo de nada más. Me pidió perdón una vez más, y decidí perdonarla. Al fin y al cabo, ¿quién era yo para decirle que no? De la mano seguimos caminando hasta nuestro piso, donde encontramos a mi madre. Me extrañó verla allí, pero sobretodo me asustó, porque Lucía y yo teníamos los ojos hinchados de tanto llorar. Nos preguntó, pero le quitamos importancia y rápidamente nos inventamos la historia de que habíamos visto en el cine una peli muy triste. Por supuesto no le contamos que habíamos estado con mi novio y el suyo en una cafetería, le habría dado algo seguro. Le pregunté a qué había venido.
Historia a partir de la palabra "profunda" - Hola, Iván. Ya te aviso que me he despertado intensa - dice, con acento andaluz, entrando al aula y sentándose en su mesa después de dejar sus cosas - No lo creeré hasta escuchar la frase del día - ¿Qué es eso de la frase del día, Bea? - Dice la profesora entrando a clase. Todas las mañanas habla un poco con algún alumno antes de empezar la clase, para darles diez minutos de espabilarse y relajarse. Dice que es partidaria de ese tiempo libre, como le gusta llamarlo. Tiene 20 años, acaba de empezar y es la favorita de todos - Hola, Raquel. Nada, es lo primero que se me pasa por la cabeza al despertarme. Sin contar que me muero de sueño, claro - Los tres ríen y la profe pregunta: - ¿Y cuál es la de hoy? - Por mucho y por muy bien que nos acompañemos, hay tramos del camino que uno debe transitar con la sabia soledad - Jo, tía, sí que vienes profunda, ¿eh? - Ya te avisé, niño - Pues no os cuento lo que se me ha pasado a mí por la cab...
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