Entre lágrimas pude comenzar a leer la carta que mi novio había dejado sobre la mesa: "Lo siento, Cris. Lo siento de verdad, pero es que no sabía qué más hacer, y créeme si te digo que a mí también me parte el alma haberme ido. Te prometo que intentaré compensarte, aunque todavía no se cómo ni desde dónde. De hecho, no sé qué voy a hacer ahora que ya no estoy contigo. El vacío en el pecho es insoportable, pero ya he vivido muchas veces ocultando mis sentimientos. Por el momento me iré a casa de mi hermana hasta que encuentre un trabajo, después me pagaré mi propio piso. Y te cuento todo esto porque si de verdad escribiera lo que estoy pensando y sintiendo me desharía en lágrimas. Te voy a echar de menos, muchísimo, pero después de no haberte contado que tus padres habían tenido un accidente no me veía capaz de seguir a tu lado como si nada, sonriendo cada mañana. Se me hace un mundo despertarme con la alarma del móvil y no con tus besos, amanecer solo en la cama, desayunar solo o con mi hermana y acostarme sin ese buenas noches que tanto me enamoraba. Dormir sin tu brazo rodeando mi cintura, no sentir tus caricias en mitad de la noche, no poder darte un beso cuando me voy a pasear de buena mañana... Son demasiadas las cosas que voy a echar de menos, pero espero aprender a convivir con este dolor, dado que no voy a olvidarte jamás. Te pido por favor que no me busques, que no vengas a por mí, que no me escribas ni me llames, que me olvides, que sigas con tu vida, que no rompas tu rutina, que no hagas nada raro ni ninguna locura, ¿vale? Olvida este capítulo de tu vida, y en vez de pasar página arranca las anteriores, quémalas y déjalas caer en el olvido, porque después de lo que te estoy haciendo sufrir creo que no merezco otra cosa. A pesar de todo, te quiero. Adam." Me apoyé contra la pared y me dejé caer hasta el suelo. Lloré.
"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". La frase le retumbaba en la cabeza y no callaba. La chica resopló, se masajeó las sienes y volvió a resoplar, por si se le pasaba el dolor de cabeza por arte de magia. Haciendo caso a su mala suerte, todo siguió igual, solo que ahora su amiga Elisa la miraba preocupada desde la puerta de la habitación. No hizo falta que preguntara si iba todo bien, ni tampoco hizo falta que le diera una respuesta. Era evidente que no. Eli era consciente de que su amiga no lo estaba pasando bien, pero no sabía qué le ocurría, con lo que no tenía ni idea de cómo ayudarla. Por una vez, Bea fue un poco más allá, le recitó una frase: "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda y le preguntó de dónde había sacado esa frase. La respuesta de su amiga hizo que se sentara para no caerse al suelo: "Un sueño". Años atrás, su madre le había dicho una frase que le r...
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