- Hoy he pensado en ti, y lo que quería decirte y que conservaras: cuando te miras al espejo ves las señales que la experiencia ha dejado en ti. Que si sigues mirando profundamente verás ilusión, deseo y ganas de vivir, de dar y recibir. No lo olvides nunca.
- +Te quiero. -Ah ¿sí? +Sí, con toda mi alma. -Yo también
- ¿Y sabes a qué más he venido? A decirte que no quiero saber nada de ti. No me llames. No me escribas. No me hables. No me mires. Yo para ti no existo, para ti he muerto. ¿Eso lo entiendes?
- Me fui, sí, y te dejé sola. Pero para ayudar a otros. A otros que necesitaban mi ayuda más que tú, una niña egoísta que quiere ayuda para fardar. Anda, sal de aquí, que he vuelto a por unas cosas con el deseo de no encontrarnos.
- Mi amor... Yo te quiero, te quiero con el alma, pero tienes que entender que esto lo hago para que podamos seguir queriéndonos, para que podamos seguir juntos. Nos hemos separado ya dos veces, y te prometo que no voy a permitir que vuelva a pasar.
- ¿Qué quieres, pequeña? Pues claro, yo te doy un abrazo y los que necesites. ¿Qué te pasa?
- Y una cosa puedo jurar: hasta el día en que te mueras no vas a volver a sentirte sola ni sin apoyo, porque pienso encargarme. Y si muero antes que tú ya te digo yo que me aseguraré de que no te falte apoyo y amor alrededor. Te lo juro por mi vida
- +Es importante que nunca te detengas, que pase lo que pase sigas adelante, y yo te ayudo, que sola no puedes - Ya te digo yo que puedo siete veces más que tú, nunca infravalores a nadie. A nadie
"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". La frase le retumbaba en la cabeza y no callaba. La chica resopló, se masajeó las sienes y volvió a resoplar, por si se le pasaba el dolor de cabeza por arte de magia. Haciendo caso a su mala suerte, todo siguió igual, solo que ahora su amiga Elisa la miraba preocupada desde la puerta de la habitación. No hizo falta que preguntara si iba todo bien, ni tampoco hizo falta que le diera una respuesta. Era evidente que no. Eli era consciente de que su amiga no lo estaba pasando bien, pero no sabía qué le ocurría, con lo que no tenía ni idea de cómo ayudarla. Por una vez, Bea fue un poco más allá, le recitó una frase: "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda y le preguntó de dónde había sacado esa frase. La respuesta de su amiga hizo que se sentara para no caerse al suelo: "Un sueño". Años atrás, su madre le había dicho una frase que le r...
Comentarios
Publicar un comentario