Lucha. Lucha hasta el final, con uñas y dientes, como si no hubiera un mañana. Lucha por lo que quieres, por lo que viviste y también por lo que vivirás. Lucha por un buen futuro, por conservar el pasado, por las personas a las que quieres, por las que te quieren, por las que quisiste y ya no están, por las que te quisieron. Lucha porque las cosas no llegan, las cosas se encuentran. Lucha para conseguir tus metas, lucha por amor, por alegría, por valor, por ilusión, por cualquier cosa que un día te diera las ganas de levantarte a vivir la vida cada día. Lucha por tener alas, por dejar volar la mente y la imaginación, por tu libertad y la de tu gente, por un mundo más justo, por igualdad. Lucha por las cosas que merezcan la pena, y valora las que parezcan una tontería. Lucha, pero también descansa después de una batalla. La vida es una guerra, y mientras estemos aquí tenemos que luchar por ganar las peleas. Tenemos que luchar por los que no pueden, por los que se fueron, por los que no están, por los que se rindieron, por los que tuvieron que dejar de luchar, por los que perdieron batallas, por los que las ganaron y por los que aún libran otras. Lucha por todos, por los que pelearon, por los que se sacrificaron, por los que lo dejan todo para librar una guerra. Lucha por este mundo, para salvarlo, para cambiar las cosas, para arreglar lo que estaba roto. Lucha por crear nuevas metas, por alcanzar las antiguas, para ser valiente, para ser fuerte, para ayudar, para apoyar, para recibir ayuda y para recibir apoyo. Lucha para cambiar, para ser mejor persona, para convertirte en alguien que, a pesar de sus defectos, se hace querer. Lucha, por lo que más quieras lucha.
"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". La frase le retumbaba en la cabeza y no callaba. La chica resopló, se masajeó las sienes y volvió a resoplar, por si se le pasaba el dolor de cabeza por arte de magia. Haciendo caso a su mala suerte, todo siguió igual, solo que ahora su amiga Elisa la miraba preocupada desde la puerta de la habitación. No hizo falta que preguntara si iba todo bien, ni tampoco hizo falta que le diera una respuesta. Era evidente que no. Eli era consciente de que su amiga no lo estaba pasando bien, pero no sabía qué le ocurría, con lo que no tenía ni idea de cómo ayudarla. Por una vez, Bea fue un poco más allá, le recitó una frase: "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda y le preguntó de dónde había sacado esa frase. La respuesta de su amiga hizo que se sentara para no caerse al suelo: "Un sueño". Años atrás, su madre le había dicho una frase que le r...
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