Secretos. Montones de secretos me rondan en la cabeza y me torturan cada noche, cada mañana, cada momento, cada día. Rondan maliciosamente entre mis pensamientos, saliendo a flote de vez en cuando para obligarme a interrumpir lo que estaba haciendo, darles alguna vuelta, hundirlos y continuar mi labor, pero algo más agitada. Cada noche me acuesto pensando en mis secretos, dándoles vueltas, intentando buscarles solución, frustrándome porque no se la encuentro, dándome cuenta de que necesitaré ayuda si quiero acabar con ellos e impacientándome porque una vez más tendré que esperar. Y cada vez que uno de ellos llega desde lo más profundo de mi mente me enfado y me apeno. Me enfado porque no me dejan tener una vida tranquila y me apeno porque mis secretos no son para menos, son tristes y agobiantes, pero el hecho de tener que esperar para que me dejen en paz es lo peor de todo: no poder contar nada a nadie, hacer que la gente lo sepa solo en mis fantasías, imaginar que tengo lo que nunca tuve y ahora tanto echo de menos. Una persona junto a la que acurrucarme, alguien a quien contarle todo sobre mí, alguien que me acaricie, que me abrace muy fuerte y que me diga que todo irá bien, que me ayudará en todo lo que pueda y que no me preocupe. Alguien en quien confiar, alguien que me dé la mano, me la apriete fuerte y no me suelte nunca, alguien que me ilumine el camino, alguien que me acompañe para siempre y que se encargue de que todo vaya bien de verdad. Alguien a quien querer y que también me quiera, que cuide de mí y que me ayude a convertir en humo mis secretos, a ponerles solución y a conseguir que se vayan de mi vida, porque cada vez me va peor. Estos secretos son como aquella mariposa. Puñeteros secretos.
HISTORIA A PARTIR DE LA SIGUIENTE FOTO A veces, al final del día, cuando se quita el disfraz y deja de fingir, se pregunta para qué. El precio a pagar a veces piensa que es demasiado alto. A veces no, a veces se dice: recuerda cuál era la otra opción, recuerda eso que pasó, no querrás que lo repitan así que te tendrás que aguantar con esto. Es duro, es difícil, porque finges todo el rato, pero ese día debe quedar atrás. Le duele, a ella le duele lo que pasó, y le da mucho miedo lo que pueda pasar. Por eso está dispuesta a ponerse el disfraz de buena mañana y no quitárselo hasta la noche. Su abuela le decía siempre que "a veces para ser felices hay que hacer sacrificios. Pero cuidado con lo que dejas atrás". Por aquel entonces ella no lo entendía, pero después de aquello comprendió todo de golpe. Tiene la sensación de que ha defraudado también a su abuela, que entra de pronto, asustándola - Abuela - Mmm? - Eso que dijiste de ser felices y hacer sacrificios y tal... - Que a vec...
Comentarios
Publicar un comentario