Secretos. Montones de secretos me rondan en la cabeza y me torturan cada noche, cada mañana, cada momento, cada día. Rondan maliciosamente entre mis pensamientos, saliendo a flote de vez en cuando para obligarme a interrumpir lo que estaba haciendo, darles alguna vuelta, hundirlos y continuar mi labor, pero algo más agitada. Cada noche me acuesto pensando en mis secretos, dándoles vueltas, intentando buscarles solución, frustrándome porque no se la encuentro, dándome cuenta de que necesitaré ayuda si quiero acabar con ellos e impacientándome porque una vez más tendré que esperar. Y cada vez que uno de ellos llega desde lo más profundo de mi mente me enfado y me apeno. Me enfado porque no me dejan tener una vida tranquila y me apeno porque mis secretos no son para menos, son tristes y agobiantes, pero el hecho de tener que esperar para que me dejen en paz es lo peor de todo: no poder contar nada a nadie, hacer que la gente lo sepa solo en mis fantasías, imaginar que tengo lo que nunca tuve y ahora tanto echo de menos. Una persona junto a la que acurrucarme, alguien a quien contarle todo sobre mí, alguien que me acaricie, que me abrace muy fuerte y que me diga que todo irá bien, que me ayudará en todo lo que pueda y que no me preocupe. Alguien en quien confiar, alguien que me dé la mano, me la apriete fuerte y no me suelte nunca, alguien que me ilumine el camino, alguien que me acompañe para siempre y que se encargue de que todo vaya bien de verdad. Alguien a quien querer y que también me quiera, que cuide de mí y que me ayude a convertir en humo mis secretos, a ponerles solución y a conseguir que se vayan de mi vida, porque cada vez me va peor. Estos secretos son como aquella mariposa. Puñeteros secretos.
Lunes: Todo está mal. Desde que el abuelo se murió las cosas han ido de mal en peor: mamá se pasa el día llorando, sin hacer mucho caso a los demás, papá está triste, casi sin hablar y mi hermano no tiene ganas de hacer nada. Estoy preocupada, no sé qué será lo siguiente. ¿No comer? ¿Dejar de ir al trabajo y no llevarme al cole? Martes: Bueno, pues no iba muy desencaminada. Resulta que ahora tengo que ir yo sola al cole cada mañana, que vaya andando, en bus o en metro, como quiera. Cada vez están peor, ahora la comida la hago yo, a veces me ayuda mi padre. Me siento sola, Cris lleva unos días sin aparecer por el cole, y no tengo suficiente confianza con el resto de amigas para contarles mi problema, aunque notan que no estoy bien y hacen todo lo posible por ayudarme. Miércoles: Pues nada, sin cambios. Hoy he hablado con mi profe y le he contado lo que me pasa. Me ha dicho que no me preocupe, que ella me ayudará en todo lo que pueda, que ahí la tengo para lo que necesite y que todo se...
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