En medio de aquel silencio me dirigió una inexpresiva mirada, sin embargo; la expresé como un último adiós, y se alejó hasta perderla de vista. Ya no éramos felices, ni ella ni yo, sabíamos que no nos veríamos más, y eso nos rompía por dentro. Su blanca piel ya no resplandecía ni lucía una reluciente sonrisa, ahora su simétrica carita expresaba una increíble tristeza. Al día siguiente de su marcha, mis padres tuvieron la sensatez de dejarme sola en mi cuarto, aunque me trajeron algo de comer hacia media mañana y a la hora de la comida. No merendé nada y para la cena salí. Sin decir nada mi padre me abrazó fuerte y mi madre me dio un beso en la frente. Durante la cena estuvimos hablando de Inés y recordamos un montón de momentos que habíamos vivido ella y yo. Estábamos en el sofá viendo una peli cuando llamaron al timbre. Al abrir vi a mi novia llorando. Me juró que hasta que nos muriéramos no nos íbamos a separar, por muchos problemas que nos pusieran. Nos dimos un abrazo fuerte fuerte y la invité a pasar. Mis padres se sorprendieron mucho de verla allí, pero le dijeron que se sentara y le llevaron un vaso de agua. Me explicó que después de que yo me fuera había fingido que todo seguía su curso hasta el momento de subirse al avión, cuando había echado a correr hacia la puerta. Una vez fuera no ocurrió como en las pelis, que siempre encuentran un lugar al que subirse, así que salió corriendo por donde pudo hasta llegar a la parada de bus más cercana, a unos dos o tres kilómetros de allí. A pesar de que sus padres habían cogido el coche en seguida, tuvo la suerte de que el autobús llegó muy rápido, así que pagó y se subió, aún con lágrimas en los ojos. Una vez en la ciudad, había ido andando hasta mi casa. Cuando terminó de contármelo todo se había hecho de noche, así que decidimos que se quedaría a dormir. Por si acaso, la abracé muy fuerte.
Lunes: Todo está mal. Desde que el abuelo se murió las cosas han ido de mal en peor: mamá se pasa el día llorando, sin hacer mucho caso a los demás, papá está triste, casi sin hablar y mi hermano no tiene ganas de hacer nada. Estoy preocupada, no sé qué será lo siguiente. ¿No comer? ¿Dejar de ir al trabajo y no llevarme al cole? Martes: Bueno, pues no iba muy desencaminada. Resulta que ahora tengo que ir yo sola al cole cada mañana, que vaya andando, en bus o en metro, como quiera. Cada vez están peor, ahora la comida la hago yo, a veces me ayuda mi padre. Me siento sola, Cris lleva unos días sin aparecer por el cole, y no tengo suficiente confianza con el resto de amigas para contarles mi problema, aunque notan que no estoy bien y hacen todo lo posible por ayudarme. Miércoles: Pues nada, sin cambios. Hoy he hablado con mi profe y le he contado lo que me pasa. Me ha dicho que no me preocupe, que ella me ayudará en todo lo que pueda, que ahí la tengo para lo que necesite y que todo se...
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