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TU PELO RUBIO CASI INEXISTENTE

La primera vez que te vi rellenabas un formulario para el cole. Yo estaba esperando a que me recogieran mis padres y tú acababas de llegar nueva al cole. Me fijé en ti, tu pelo rubio casi inexistente y esa camiseta atrevida y corta. Fosforita, como siempre fuiste tú, llamando la atención y desentonando. Por entonces había unos cánones de belleza muy estrictos, y tú los rompiste todos con tu ropa sencilla y sin embargo con tanto estilo. Me había bajado la regla por primera vez y me senté en un banco, avergonzada, hasta que mis padres me llevaran a casa. Pero no venían. Con los shorts más ceñidos que había visto nunca, en mi linda inocencia, llenos de dibujitos hechos por ti misma, y unas sandalias de cuero sencillas que llevabas con estilo, te diste la vuelta y me viste. Masticabas un chicle y sonreías mientras mordisqueabas tu boli. Lo guardaste en la riñonera verde y te acercaste a mí, moviendo las caderas con embrujo. Te presentaste con desparpajo y me preguntaste si era nueva. No te quería decir por qué estaba allí, pero te lo dije. En seguida sacaste una compresa de tu riñonera y me la ofreciste, diciendo que si no sabía cómo usarla te lo dijera. Me acompañaste al baño y me contaste que era el tercer año que repetías curso, que tenías catorce años recién cumplidos y que te tenías que cambiar de cole porque en el otro te habían echado. Pensé, en ese momento, que no debía juntarme contigo, pero me fascinabas de una forma que nunca llegué a entender y seguí hablando contigo. Me hablaste de los otros coles y de las mentiras que contaban de ti y por culpa de las que te habían expulsado. También me preguntaste por mis amigas, pero me dio miedo decirte que no tenía. Luego tuve el valor de preguntarte por qué llevabas el pelo tan corto, y ahí rompí sin querer la magia que habíamos creado. Me dijiste que ya nos veríamos y saliste del baño sin explicarme cómo se ponía una compresa, dejándome sola cual tonta

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