Ir al contenido principal

EL TREN

 Café en mano, Luana se sienta en la cómoda silla y se decide a empezar el artículo de una vez. Ya no le queda más remedio, si quiere entregarlo en tres días. Por suerte, es muy pronto y la redacción está vacía. Mejor, no soporta la gente mientras trabaja.
 Se termina el café, ya frío, y se echa hacia atrás en la silla mientras resopla. Está cansada y aún le queda lo peor. Cuando dan las diez y lleva tres horas en las que lo único que ha hecho ha sido borrar lo que escribía una y otra vez, coge el vaso de cartón vacío y se va. Tiene que coger un tren. Por el camino sigue pensando en el maldito artículo sobre terrorismo que desde hace una semana la tiene sin parar; no se le ocurre absolutamente nada y cada palabra que une con otra le parece una basura que no puede evitar borrar.
Se sienta en el tren con otro café en la mano. Esa bebida le encanta. Sonríe levemente, casi sin que se note; por muy cansada que esté, la idea de ese viaje le encanta. Una chica joven se sienta a su lado, bloqueando el acceso libre que tenía al pasillo, se ajusta las gafas, enormes, típicas de los años 80, y la periodista repara en el movimiento frenético de su pierna, debe estar muy nerviosa. Inventándose en su cabeza el motivo de esos nervios y a pesar del café, Luana se queda dormida. Al despertarse, se levanta para ir al baño intentando molestar a la joven lo menos posible y mientras vuelve una señora la mira fatal de pronto, sin que ella haya hecho nada. Pues vale. Vuelve a su sitio y mira el reloj, queda poco más de una hora. El tiempo perfecto para tomarse otro café. No llega a sentarse, porque ve en manos de la chica algo plateado con un botón. Su artículo - que todavía ni siquiera existe - le viene a la cabeza y de golpe se le ocurren miles de formas maravillosas de empezarlo. Pero a lo mejor ya es tarde, porque la chica joven, al ver que ha descubierto sus intenciones, presiona el pequeño aparato y el reportaje vuelve a la cabeza de Luana. Lo único que hay en su mente antes de caer es que no sabe si alguna vez podrá llegar a escribirlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

QIU JIN

HISTORIA A PARTIR DE LA SIGUIENTE FOTO A veces, al final del día, cuando se quita el disfraz y deja de fingir, se pregunta para qué. El precio a pagar a veces piensa que es demasiado alto. A veces no, a veces se dice: recuerda cuál era la otra opción, recuerda eso que pasó, no querrás que lo repitan así que te tendrás que aguantar con esto. Es duro, es difícil, porque finges todo el rato, pero ese día debe quedar atrás. Le duele, a ella le duele lo que pasó, y le da mucho miedo lo que pueda pasar. Por eso está dispuesta a ponerse el disfraz de buena mañana y no quitárselo hasta la noche. Su abuela le decía siempre que "a veces para ser felices hay que hacer sacrificios. Pero cuidado con lo que dejas atrás". Por aquel entonces ella no lo entendía, pero después de aquello comprendió todo de golpe. Tiene la sensación de que ha defraudado también a su abuela, que entra de pronto, asustándola - Abuela - Mmm? - Eso que dijiste de ser felices y hacer sacrificios y tal... - Que a vec...

LA FRASE DEL DÍA

Historia a partir de la palabra "profunda"   - Hola, Iván. Ya te aviso que me he despertado intensa - dice, con acento andaluz, entrando al aula y sentándose en su mesa después de dejar sus cosas - No lo creeré hasta escuchar la frase del día - ¿Qué es eso de la frase del día, Bea? - Dice la profesora entrando a clase. Todas las mañanas habla un poco con algún alumno antes de empezar la clase, para darles diez minutos de espabilarse y relajarse. Dice que es partidaria de ese tiempo libre, como le gusta llamarlo. Tiene 20 años, acaba de empezar y es la favorita de todos - Hola, Raquel. Nada, es lo primero que se me pasa por la cabeza al despertarme. Sin contar que me muero de sueño, claro - Los tres ríen y la profe pregunta: - ¿Y cuál es la de hoy? - Por mucho y por muy bien que nos acompañemos, hay tramos del camino que uno debe transitar con la sabia soledad - Jo, tía, sí que vienes profunda, ¿eh? - Ya te avisé, niño - Pues no os cuento lo que se me ha pasado a mí por la cab...