Quiero amar. Reír, llorar, gritar, hablar, aprender, escuchar, escribir, y leer junto a alguien que me haga feliz. Quiero enfadarme, alegrarme, entristecerme, ver, hacer, planear, besar, acariciar, abrazar, consolar, reconfortar, pedir, conceder, ayudar, prestar, viajar y moverme con quien me dé las ganas de levantarme cada mañana, de salir a saltar, correr, andar, subir, bajar y a comerme el mundo. Esa persona que no se vaya nunca y que saque lo bueno de cada momento, que me haga querer, envejecer, recordar, echar de menos, ser mejor persona y sacar lo mejor de mí. Vendrá dispuesto/a a llenar el vacío de mi pecho, y yo le devolveré el favor. Lo prometo.
Historia a partir de la palabra "profunda" - Hola, Iván. Ya te aviso que me he despertado intensa - dice, con acento andaluz, entrando al aula y sentándose en su mesa después de dejar sus cosas - No lo creeré hasta escuchar la frase del día - ¿Qué es eso de la frase del día, Bea? - Dice la profesora entrando a clase. Todas las mañanas habla un poco con algún alumno antes de empezar la clase, para darles diez minutos de espabilarse y relajarse. Dice que es partidaria de ese tiempo libre, como le gusta llamarlo. Tiene 20 años, acaba de empezar y es la favorita de todos - Hola, Raquel. Nada, es lo primero que se me pasa por la cabeza al despertarme. Sin contar que me muero de sueño, claro - Los tres ríen y la profe pregunta: - ¿Y cuál es la de hoy? - Por mucho y por muy bien que nos acompañemos, hay tramos del camino que uno debe transitar con la sabia soledad - Jo, tía, sí que vienes profunda, ¿eh? - Ya te avisé, niño - Pues no os cuento lo que se me ha pasado a mí por la cab...
Y llegará.
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