Quiero amar. Reír, llorar, gritar, hablar, aprender, escuchar, escribir, y leer junto a alguien que me haga feliz. Quiero enfadarme, alegrarme, entristecerme, ver, hacer, planear, besar, acariciar, abrazar, consolar, reconfortar, pedir, conceder, ayudar, prestar, viajar y moverme con quien me dé las ganas de levantarme cada mañana, de salir a saltar, correr, andar, subir, bajar y a comerme el mundo. Esa persona que no se vaya nunca y que saque lo bueno de cada momento, que me haga querer, envejecer, recordar, echar de menos, ser mejor persona y sacar lo mejor de mí. Vendrá dispuesto/a a llenar el vacío de mi pecho, y yo le devolveré el favor. Lo prometo.
"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". La frase le retumbaba en la cabeza y no callaba. La chica resopló, se masajeó las sienes y volvió a resoplar, por si se le pasaba el dolor de cabeza por arte de magia. Haciendo caso a su mala suerte, todo siguió igual, solo que ahora su amiga Elisa la miraba preocupada desde la puerta de la habitación. No hizo falta que preguntara si iba todo bien, ni tampoco hizo falta que le diera una respuesta. Era evidente que no. Eli era consciente de que su amiga no lo estaba pasando bien, pero no sabía qué le ocurría, con lo que no tenía ni idea de cómo ayudarla. Por una vez, Bea fue un poco más allá, le recitó una frase: "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda y le preguntó de dónde había sacado esa frase. La respuesta de su amiga hizo que se sentara para no caerse al suelo: "Un sueño". Años atrás, su madre le había dicho una frase que le r...
Y llegará.
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