"Nunca más. No lo repetiré nunca más". Asomada al balcón, Elisa recordó su promesa, pero también las dos palabras que le habían roto los esquemas, que le habían cambiado la vida, que la habían separado de Bea, que le habían hecho el último año imposible. Una vez más se preguntó cómo dos sencillas palabras podían hacer tanto daño, cómo un bicho tan bonito podía ser letal, pero esta vez tampoco tenía respuesta. El abismo que tenía dentro la estaba matando, se hacía muy fuerte cada vez que estaba sola, le daba miedo, tenía que acabar con todo. Pero tendría que romper su promesa, y no sabía si estaba dispuesta a correr ese riesgo. Decidió que no, que acabaría con todo de otra forma: con el plan C. Antes de tener tiempo para pensarlo dos veces, se subió a la barandilla y se lanzó al vacío, gritando las dos peores palabras que había dicho nunca: "Puñetera mariposa"
"El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". La frase le retumbaba en la cabeza y no callaba. La chica resopló, se masajeó las sienes y volvió a resoplar, por si se le pasaba el dolor de cabeza por arte de magia. Haciendo caso a su mala suerte, todo siguió igual, solo que ahora su amiga Elisa la miraba preocupada desde la puerta de la habitación. No hizo falta que preguntara si iba todo bien, ni tampoco hizo falta que le diera una respuesta. Era evidente que no. Eli era consciente de que su amiga no lo estaba pasando bien, pero no sabía qué le ocurría, con lo que no tenía ni idea de cómo ayudarla. Por una vez, Bea fue un poco más allá, le recitó una frase: "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda y le preguntó de dónde había sacado esa frase. La respuesta de su amiga hizo que se sentara para no caerse al suelo: "Un sueño". Años atrás, su madre le había dicho una frase que le r...
Wow... me ha gustado mucho!
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