Luz. Ese era su nombre y también la palabra que expresa lo que era para mí: una luz en la oscuridad, un punto en el que fijarme en el túnel, alguien en quien confiar. Crecimos en casas distintas, pero como hermanas: nuestras casas tenían una pared común con una puerta, por la que nos escapábamos cada dos por tres para vernos, contarnos las novedades del día... En fin, lo que hacen dos niñas en esa edad. Al vivir tan lejos de la ciudad, nuestros padres se pusieron de acuerdo y nos daban clase a las dos juntas en casa. Nos lo pasábamos genial: haciendo planes para el futuro, comiendo juntas, hablando todo el día, inventando historias, hablando con la gente, haciendo alguna travesura... Ambas habíamos nacido en el campo y allí nos habían criado, a las dos, siempre juntas, desde bebés. Por entonces Luz tenía, como yo, ocho años, y todo empezó a torcerse: su padre falleció, dejándola sola con su madre y una fortuna que ninguna de las dos sabía gestionar. A mí se me daban bastante bien las cuentas y la economía, así que las ayudé en todo lo que pude. Por desgracia, no fue suficiente. Pronto se tuvieron que marchar del campo para que su madre encontrara un trabajo, pero yo no estaba dispuesta a permitir que mi amiga se fuera sin hacer nada, así que juntas empezamos a hacer planes. Con esfuerzo conseguimos que viviera con mi familia, su madre venía a visitarla cada dos semanas. Al crecer nos fuimos a vivir juntas durante la carrera. Y ahora escribo esto por Luz. Por mi amiga Luz, por mi hermana Luz, por la luz de mi vida. Lo hago por ti, porque no merecías morir así, porque siempre te recordaré.
Historia a partir de la palabra "profunda" - Hola, Iván. Ya te aviso que me he despertado intensa - dice, con acento andaluz, entrando al aula y sentándose en su mesa después de dejar sus cosas - No lo creeré hasta escuchar la frase del día - ¿Qué es eso de la frase del día, Bea? - Dice la profesora entrando a clase. Todas las mañanas habla un poco con algún alumno antes de empezar la clase, para darles diez minutos de espabilarse y relajarse. Dice que es partidaria de ese tiempo libre, como le gusta llamarlo. Tiene 20 años, acaba de empezar y es la favorita de todos - Hola, Raquel. Nada, es lo primero que se me pasa por la cabeza al despertarme. Sin contar que me muero de sueño, claro - Los tres ríen y la profe pregunta: - ¿Y cuál es la de hoy? - Por mucho y por muy bien que nos acompañemos, hay tramos del camino que uno debe transitar con la sabia soledad - Jo, tía, sí que vienes profunda, ¿eh? - Ya te avisé, niño - Pues no os cuento lo que se me ha pasado a mí por la cab...
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