Luz. Ese era su nombre y también la palabra que expresa lo que era para mí: una luz en la oscuridad, un punto en el que fijarme en el túnel, alguien en quien confiar. Crecimos en casas distintas, pero como hermanas: nuestras casas tenían una pared común con una puerta, por la que nos escapábamos cada dos por tres para vernos, contarnos las novedades del día... En fin, lo que hacen dos niñas en esa edad. Al vivir tan lejos de la ciudad, nuestros padres se pusieron de acuerdo y nos daban clase a las dos juntas en casa. Nos lo pasábamos genial: haciendo planes para el futuro, comiendo juntas, hablando todo el día, inventando historias, hablando con la gente, haciendo alguna travesura... Ambas habíamos nacido en el campo y allí nos habían criado, a las dos, siempre juntas, desde bebés. Por entonces Luz tenía, como yo, ocho años, y todo empezó a torcerse: su padre falleció, dejándola sola con su madre y una fortuna que ninguna de las dos sabía gestionar. A mí se me daban bastante bien las cuentas y la economía, así que las ayudé en todo lo que pude. Por desgracia, no fue suficiente. Pronto se tuvieron que marchar del campo para que su madre encontrara un trabajo, pero yo no estaba dispuesta a permitir que mi amiga se fuera sin hacer nada, así que juntas empezamos a hacer planes. Con esfuerzo conseguimos que viviera con mi familia, su madre venía a visitarla cada dos semanas. Al crecer nos fuimos a vivir juntas durante la carrera. Y ahora escribo esto por Luz. Por mi amiga Luz, por mi hermana Luz, por la luz de mi vida. Lo hago por ti, porque no merecías morir así, porque siempre te recordaré.
HISTORIA A PARTIR DE LA SIGUIENTE FOTO A veces, al final del día, cuando se quita el disfraz y deja de fingir, se pregunta para qué. El precio a pagar a veces piensa que es demasiado alto. A veces no, a veces se dice: recuerda cuál era la otra opción, recuerda eso que pasó, no querrás que lo repitan así que te tendrás que aguantar con esto. Es duro, es difícil, porque finges todo el rato, pero ese día debe quedar atrás. Le duele, a ella le duele lo que pasó, y le da mucho miedo lo que pueda pasar. Por eso está dispuesta a ponerse el disfraz de buena mañana y no quitárselo hasta la noche. Su abuela le decía siempre que "a veces para ser felices hay que hacer sacrificios. Pero cuidado con lo que dejas atrás". Por aquel entonces ella no lo entendía, pero después de aquello comprendió todo de golpe. Tiene la sensación de que ha defraudado también a su abuela, que entra de pronto, asustándola - Abuela - Mmm? - Eso que dijiste de ser felices y hacer sacrificios y tal... - Que a vec...
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